Esto es una sandalia, un atisbo de esperanza

Tras la comisión del otro día en el parlamento de Cataluña,  la gente se escalndaliza porque un diputado ‘matón*’ amenaza a un banquero con arrojarle una zapatilla. Primero de todo, y haciendo honor a la verdad, tal amenaza no existió. Y la violencia de que algunos hablan puede en todo caso extraerse de la frase ¿Sabe usted qué es esto?, y su contestación de lo que significa eso en Irak, y su metáfora con España y la devastación que él promovió y respaldó como ministro de Economía. Pues bien, este individuo del que tantos tildan de violento ha conseguido, en 7 meses, lo que los partidos tradicionales no han hecho en España entera en 35 años de democracia. En primer lugar, este matón y violento ha conseguido, el solito, que la policía autonómica (asesina desde hace escasas semanas) se vea obligada a llevar el número de identificación en la espalda y en el pecho de forma clara. En segundo lugar, ese mismo ‘matón’ hace escasos días consiguió un acuerdo en el Parlament por el que ese mismo cuerpo erradicaba el uso de pelotas de goma en sus acciones antidisturbio, previniendo así nuevos ojos destrozados, o el establecimiento de un protocolo para la indemnización de las víctimas por violencia policial en Cataluña.  Y finalmente, este ‘indeseable’ para tantos es, paradójicamente, el que ha conseguido que el Sr. Rato  y muchos otros ex directores de cajas, se sienten a dar explicaciones en un parlamento.  No me importa si todo esto lo han motivado mediante la reacción de ERC a la presión ejercida desde la izquierda, obligado a CiU a ceder en estos aspectos. El caso es que ni en el Parlamento español ni en cualquier otro autonómico estos banqueros se habían sentado aún, por supuesto por el veto del PP o PSOE.

Pero lleguemos al quid de la cuestión. No dejemos que las formas, tan reclamadas por la demagogia ilustrada, sean el único titular. Así, si uno atiende a los más de 11 minutos del cara a cara entre el diputado Fernández y el Sr. Rato se pueden extraer conclusiones mucho más trascendentales que la inocua aparición de una sandalia. Por poner sólo un ejemplo, cuando Fernández le informa a Rato a cerca de la cantidad de familias que él desahució bajo la presidencia de Bankia (80.000), éste no hace mas que responder, con gran asombro y pseudo-sorna, que esa cifra le ‘parece, vamos, esa cifra, no se yo, pero esa cifra me parece, vamos, sinceramente, yo la pongo muy en duda esa cifra, con que no… esa es una cifra totalmente desproporcionada, no me parece, eh… una cifra que yo reconozca,  no la comparto, no la puedo reconocer’.   Pues bien, esta realidad de la que el Sr. Rato excluye sus desahucios es, metafóricamente, la misma de la que en verdad él escapa. Lo único que este balbuceo hace es confirmar lo que muchos ya inferíamos: este tipo de gente ni le importa lo que pasó, ni se entera de lo que hizo, ni de lo que pasa en este país, ni de lo que vaya a pasar. Este particular David contra Goliat, lo único que deja es la sensación de que, por un momento, el gigante ha sido apenas rozado por la furia del pueblo: lo ha hecho por lo menos vacilar, que no caer, en su razonamiento, que no en su conciencia, en una acción, un segundo, un climax, que en lo que a representación democrática del sentir popular respecta, probablemente contiene el mayor grado de legitimidad adquirido en este país desde la dictadura.

 

La cifra de desahucios en España durante 2012 dada por el Gobierno ascendió a 75.000, 6250 por mes. Si se tiene en cuenta que el Sr. Rato estuvo al frente de BFA (la matriz de Bankia) durante más de 27 meses y BFA en ese período fue el responsable del 70% de los desalojos, se obtiene una cifra de 120.000 desahucios.

*Rodrigo Rato es consejero asesor para Europa y Latinoamérica de Telefónica, el mayor accionista español de PRISA (El País).

 

 

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